lunes, 1 de febrero de 2010

La máquina de hacer canciones

Debo decir que el oficio de 'inventar canciones' no es una tarea sencilla. No por el hecho de ser una virtud privilegiada, no. Sino por el hecho de que conlleva una responsabilidad demasiado grande.

¿Qué habrá detrás de una canción de amor, o detrás de una canción revolucionaria, detrás de una canción religiosa... o una canción para una campaña social?... ¿y qué habrá detrás de una canción para niños, o una que nos invite a creer que la vida es bella y hay que vivirla... detrás de las melodías... aunque no tengan letras?

¿Y detrás de una trillada... trilladísima canción de desamor?



Hay personas. Hay alguien que nos quiere comunicar algo, por más introspectiva que sea la manera de mostrar esa obra. Seres vivos, con la misma capacidad que tú de sentir, conmoverse, llorar, reír, estremecerse... Personas que podrían sencillamente llegado el momento sentir todo lo contrario de lo que les impulsó a hacer esas canciones.

Cuántas veces me habrá pasado que las mías han sido aplaudidas por públicos tan diversos, tan heterogéneos... pero, ¿y luego dónde van esas canciones?, ¿habrá alguien que las haga suyas?, ¿habrá personas que las asuman y se identifiquen a tal punto de creer que ellas las escribieron?

Si eso ocurre, esas canciones: ¿son mías, o son de la gente que las sintió como suyas? Y sé también que hay gente que a la que esas canciones la repelen... ¿qué pasará entre esa gente y esas canciones? en ambos casos...

Hay infinitas preguntas que me vienen a la cabeza.

Pero en fin. Esta la compuse pensando en que de niño me encantaba ver a los payasos en el circo (aunque confieso que me daban miedo, pero si estaban a una distancia prudente no había mucho problema) y me partía de risa con sus actos… hasta que vi a uno llorar. No lloraba de verdad, en realidad era parte del show… y tenía una especie de manguera debajo de su gorra de colores, que soltaba un chorro de agua y parecía realmente que las lágrimas le saltaran a borbotones.

Algo me produjo a mí ese payaso… que yo comencé a llorar. Pero de verdad.



Una profunda desazón me envolvió esta temporada, cuando sentí por un momento que estaba destinado a que en pos de 'mi capacidad compositiva', debía canalizar mis penas, mis angustias, mis tristezas... hacia nuevas canciones.

Eso está muy bien, la gente las cantará.

Pero esos versos, seguirán siendo penas, angustias, tristezas.

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